¿Quieres ser feliz?. Introduce estos 5 hábitos

Aunque la felicidad ha preocupado siempre a la humanidad, el estudio científico de ésta es relativamente reciente. En los últimos años, los progresos en neurología y psicología nos han permitido conocer mejor qué es lo que realmente nos hace felices y, debido a esto, se han multiplicado las teorías sobre el bienestar.

En el estudio de la felicidad han sido especialmente relevantes los avances logrados por la psicología positiva, una disciplina académica relativamente reciente que estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad. Como explicaba a El Confidencial la psicóloga Covadonga Chaves, miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva, hasta la fecha nuestra sociedad está bastante equivocada sobre el concepto de felicidad. En su opinión, “la felicidad no es algo que se pueda alcanzar, no es una meta, es un estado, una emoción”. La psicología positiva pide un cambio de concepto: la felicidad es algo que se debe cultivar día a día, no una meta absoluta.

Gracias a los investigadores, cada vez conocemos mejor qué tipo de hábitos hacen que la felicidad se abra camino en nuestro día a día, pero paradójicamente no parece que seamos más felices. De hecho, las estadísticas muestran que ha crecido el impacto de la ansiedad y la depresión, trastornos íntimamente asociados con la infidelidad. Por ello, asegura la doctora especialista en psicología positiva Melanie Greenberg, en un artículo en Psychology Today, es necesario recordar qué cosas sencillas podemos hacer en nuestro devenir cotidiano para lograr lo que todos perseguimos: ser más felices.

Los límites de la felicidad

En los libros y reportajes de autoayuda todo parece maravilloso: la felicidad está al alcance de todos, es fácil llegar a ella y si eres infeliz es sólo porque no has trabajado para no serlo. Esto también es un artículo de autoayuda, pero es realista. Y la realidad es que nuestro estado de ánimo es algo complejo y no está enteramente bajo nuestro control.

Aunque la felicidad es limitada, cada vez sabemos mejor qué cosas concretas nos hacen felices, y si logramos darle a estas la importancia que tienen, nuestro bienestar mejorará notablemente

Cerca del 40% de nuestra felicidad reside en los genes. Nacemos con un temperamento que nos hace más propensos a ver el vaso medio lleno o medio vacío. Cuando pasa algo bueno, somos felices un tiempo, pero depende de nuestras expectativas este estado emocional positivo dura más o menos. Esto es lo que se conoce como “adaptación hedonista”, y en saber regular esta reside una de las claves de la felicidad.

Lamentablemente, nos acostumbramos muy rápido a la felicidad. Pero, al mismo tiempo, la adaptación hedonista nos permite superar las circunstancias negativas de la vida, lo que explica por qué los que han sufrido una desgracia catastrófica se adaptan tarde o temprano de nuevo a las exigencias de la vida diaria. Se trata, por lo tanto, de una ventaja en esos casos, pero también de una desventaja en el caso de que seamos tremendamente felices pues quiere decir, básicamente, que la emoción durará poco si no somos capaces de cuidarla.

Los hábitos de las personas felices

Por suerte, aunque la felicidad es limitada, cada vez sabemos mejor qué cosas concretas nos hacen felices, y si logramos darle a estas la importancia que tienen, nuestro bienestar mejorará notablemente. Algo parece claro, para ser felices a largo plazo debemos también arriesgar en el corto plazo: gran parte de la felicidad reside en nuestra capacidad de cambio. Estos son los cinco hábitos que, según Greenberg, todos podemos seguir para ser felices.

1. Céntrate en los significados duraderos, no en los sentimientos momentáneos

Algunas de las cosas que nos hacen sentir bien en el momento en realidad pueden ser perjudiciales para nosotros, pues nos crean un sentimiento de culpa, remordimientos y consecuencias negativas en el futuro. Todas las adicciones (ya sean las drogas, el juego o el porno) entran en esta categoría. Pero otros placeres mundanos que nos hacen sentirnos bien en el momento, aunque no sean perniciosos, no nos permiten ser felices a largo plazo, pues la vida siempre tiene altibajos que estos no pueden aplacar. Si somos capaces de centrarnos en construir una vida con sentido, en la que actuemos con autenticidad, guiándonos por nuestros valores fundamentales y las cosas que intrínsecamente nos inspiran, podemos lograr una felicidad más duradera.

2. Construye y mantén una red de apoyo

Todos los estudios coinciden en señalar que las personas que tienen buenos amigos, pareja y familia son más felices y, además, tienen una mejor salud. No hay nada peor para la felicidad que la soledad. Tener cerca a personas en las que confiamos, que nos van a ayudar en los momentos difíciles, es importante para que nos sintamos bien y tengamos esperanza en el futuro. No se trata de tener cientos de amigos, sino de tener unos pocos, pero de calidad.

3. Disfruta de los bueno

Para nuestro cerebro es más importante la supervivencia que la felicidad, por lo que, en cuanto surge un problema, olvidamos los buenos momentos para resolver lo que nos está preocupando. Esto es algo positivo en términos evolutivos, pero no para nuestro bienestar. Por ello debemos preocuparnos a diario por centrarnos en aquello que nos hace felices, de lo contrario nuestro cerebro se preocupará por lo negativo. La investigación demuestra que podemos ampliar nuestro disfrute de momentos especiales sencillamente pensando más en ellos, antes, durante y después de que ocurran.

4. Busca la forma de controlar tu vida (o piensa que alguien la controla por ti)

Un requisito fundamental para ser felices es sentir que tenemos autonomía para manejar nuestra propia vida. Todos necesitamos sentir que controlamos nuestra vida y nuestras decisiones, pero muchas veces vamos a la deriva, y si sentimos que no somos dueños de nuestra existencia es imposible que seamos felices. La gente religiosa lo tiene más fácil. Pensar que un poder superior va a cuidar de ti, y lo que te pasa no depende enteramente de tus actos, si no de sus designios, permite a estos ser más felices sin necesidad de controlar su vida. Pero si no tienes ningún tipo de inquietud religiosa, tienes que trabajar por tener  la vida bajo control. Y esto no es sencillo, pues requiere una mayor autoestima.

5. Satisface tu curiosidad

Si somos conservadores respecto a lo que, creemos, nos da felicidad, estaremos limitando nuestro bienestar. Creemos erróneamente que el hombre es un animal de costumbres, pero la realidad es que es la novedad lo que nos hace felices. Nuestro cerebro está continuamente buscando desafíos, y si no se los damos acabaremos aburriéndonos. Y sí, el aburrimiento nos conduce a la infelicidad. La felicidad llama a nuestra puerta en momentos inesperados, cuando encontramos algo nuevo e interesante o cuando seguimos nuestros intereses y nos dejamos llevar.

¿Quieres ser feliz?. Introduce estos 5 hábitos

Aunque la felicidad ha preocupado siempre a la humanidad, el estudio científico de ésta es relativamente reciente. En los últimos años, los progresos en neurología y psicología nos han permitido conocer mejor qué es lo que realmente nos hace felices y, debido a esto, se han multiplicado las teorías sobre el bienestar.

En el estudio de la felicidad han sido especialmente relevantes los avances logrados por la psicología positiva, una disciplina académica relativamente reciente que estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad. Como explicaba a El Confidencial la psicóloga Covadonga Chaves, miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva, hasta la fecha nuestra sociedad está bastante equivocada sobre el concepto de felicidad. En su opinión, “la felicidad no es algo que se pueda alcanzar, no es una meta, es un estado, una emoción”. La psicología positiva pide un cambio de concepto: la felicidad es algo que se debe cultivar día a día, no una meta absoluta.

Gracias a los investigadores, cada vez conocemos mejor qué tipo de hábitos hacen que la felicidad se abra camino en nuestro día a día, pero paradójicamente no parece que seamos más felices. De hecho, las estadísticas muestran que ha crecido el impacto de la ansiedad y la depresión, trastornos íntimamente asociados con la infidelidad. Por ello, asegura la doctora especialista en psicología positiva Melanie Greenberg, en un artículo en Psychology Today, es necesario recordar qué cosas sencillas podemos hacer en nuestro devenir cotidiano para lograr lo que todos perseguimos: ser más felices.

Los límites de la felicidad

En los libros y reportajes de autoayuda todo parece maravilloso: la felicidad está al alcance de todos, es fácil llegar a ella y si eres infeliz es sólo porque no has trabajado para no serlo. Esto también es un artículo de autoayuda, pero es realista. Y la realidad es que nuestro estado de ánimo es algo complejo y no está enteramente bajo nuestro control.

Aunque la felicidad es limitada, cada vez sabemos mejor qué cosas concretas nos hacen felices, y si logramos darle a estas la importancia que tienen, nuestro bienestar mejorará notablemente

Cerca del 40% de nuestra felicidad reside en los genes. Nacemos con un temperamento que nos hace más propensos a ver el vaso medio lleno o medio vacío. Cuando pasa algo bueno, somos felices un tiempo, pero depende de nuestras expectativas este estado emocional positivo dura más o menos. Esto es lo que se conoce como “adaptación hedonista”, y en saber regular esta reside una de las claves de la felicidad.

Lamentablemente, nos acostumbramos muy rápido a la felicidad. Pero, al mismo tiempo, la adaptación hedonista nos permite superar las circunstancias negativas de la vida, lo que explica por qué los que han sufrido una desgracia catastrófica se adaptan tarde o temprano de nuevo a las exigencias de la vida diaria. Se trata, por lo tanto, de una ventaja en esos casos, pero también de una desventaja en el caso de que seamos tremendamente felices pues quiere decir, básicamente, que la emoción durará poco si no somos capaces de cuidarla.

Los hábitos de las personas felices

Por suerte, aunque la felicidad es limitada, cada vez sabemos mejor qué cosas concretas nos hacen felices, y si logramos darle a estas la importancia que tienen, nuestro bienestar mejorará notablemente. Algo parece claro, para ser felices a largo plazo debemos también arriesgar en el corto plazo: gran parte de la felicidad reside en nuestra capacidad de cambio. Estos son los cinco hábitos que, según Greenberg, todos podemos seguir para ser felices.

1. Céntrate en los significados duraderos, no en los sentimientos momentáneos

Algunas de las cosas que nos hacen sentir bien en el momento en realidad pueden ser perjudiciales para nosotros, pues nos crean un sentimiento de culpa, remordimientos y consecuencias negativas en el futuro. Todas las adicciones (ya sean las drogas, el juego o el porno) entran en esta categoría. Pero otros placeres mundanos que nos hacen sentirnos bien en el momento, aunque no sean perniciosos, no nos permiten ser felices a largo plazo, pues la vida siempre tiene altibajos que estos no pueden aplacar. Si somos capaces de centrarnos en construir una vida con sentido, en la que actuemos con autenticidad, guiándonos por nuestros valores fundamentales y las cosas que intrínsecamente nos inspiran, podemos lograr una felicidad más duradera.

2. Construye y mantén una red de apoyo

Todos los estudios coinciden en señalar que las personas que tienen buenos amigos, pareja y familia son más felices y, además, tienen una mejor salud. No hay nada peor para la felicidad que la soledad. Tener cerca a personas en las que confiamos, que nos van a ayudar en los momentos difíciles, es importante para que nos sintamos bien y tengamos esperanza en el futuro. No se trata de tener cientos de amigos, sino de tener unos pocos, pero de calidad.

3. Disfruta de los bueno

Para nuestro cerebro es más importante la supervivencia que la felicidad, por lo que, en cuanto surge un problema, olvidamos los buenos momentos para resolver lo que nos está preocupando. Esto es algo positivo en términos evolutivos, pero no para nuestro bienestar. Por ello debemos preocuparnos a diario por centrarnos en aquello que nos hace felices, de lo contrario nuestro cerebro se preocupará por lo negativo. La investigación demuestra que podemos ampliar nuestro disfrute de momentos especiales sencillamente pensando más en ellos, antes, durante y después de que ocurran.

4. Busca la forma de controlar tu vida (o piensa que alguien la controla por ti)

Un requisito fundamental para ser felices es sentir que tenemos autonomía para manejar nuestra propia vida. Todos necesitamos sentir que controlamos nuestra vida y nuestras decisiones, pero muchas veces vamos a la deriva, y si sentimos que no somos dueños de nuestra existencia es imposible que seamos felices. La gente religiosa lo tiene más fácil. Pensar que un poder superior va a cuidar de ti, y lo que te pasa no depende enteramente de tus actos, si no de sus designios, permite a estos ser más felices sin necesidad de controlar su vida. Pero si no tienes ningún tipo de inquietud religiosa, tienes que trabajar por tener  la vida bajo control. Y esto no es sencillo, pues requiere una mayor autoestima.

5. Satisface tu curiosidad

Si somos conservadores respecto a lo que, creemos, nos da felicidad, estaremos limitando nuestro bienestar. Creemos erróneamente que el hombre es un animal de costumbres, pero la realidad es que es la novedad lo que nos hace felices. Nuestro cerebro está continuamente buscando desafíos, y si no se los damos acabaremos aburriéndonos. Y sí, el aburrimiento nos conduce a la infelicidad. La felicidad llama a nuestra puerta en momentos inesperados, cuando encontramos algo nuevo e interesante o cuando seguimos nuestros intereses y nos dejamos llevar.

F: ElConfidencial

Actitud para ser felices

Cómo llegar a ser más felices, cuáles son las claves de la felicidad y qué actitudes debemos tener para tener una vida plagada de bienestar y alegría son algunas de las cosas que la psicología y la ciencia están intentando desgranar, con el fin de que el ser humano sea más feliz.

¿Es realmente tan sencillo? ¿Se trata de una cuestión de carácter, genética, personalidad o actitud ante la vida? ¿Está en nuestra mano el ser más o menos felices? ¿Hay unas claves secretas que debemos seguir para llegar a la alegría?

Parece difícil pensar que haya una serie de normas universales que nos vayan a hacer a todos más felices, como si de un imperativo kantiano para la felicidad se tratase. No obstante, Susanna Halonen ha publicado un artículo en Psychology Today en el que, si bien no ha dado con lo que debemos hacer para ser más felices, sí explica aquello que no debemos hacer. Según Halonen, en la ignorancia de los demás y el pensar en lo que nosotros mismos deseamos se halla uno de los pasos que más pueden ayudarnos a ser felices.

En la ignorancia de los demás y el pensar en lo que nosotros mismos deseamos se halla uno de los pasos que más pueden ayudarnos a ser felices

Considera que, si bien uno no puede aprender a ser más feliz, nunca debe faltar la actitud y la disposición para enfrentarnos al día con buena cara. Priorizando las cosas que más nos importan, adquiriendo hábitos que nos resultan placenteros y procurando potenciar los pensamientos positivos ya estamos haciendo mucho por nuestra propia felicidad. Además, considera que un truco fundamental es el de crear una ilusión positiva que te ayuda a ignorar ciertas cosas que luchan en contra de tu bienestar:

  1. Ignora los juicios de los demás

Las personas felices están seguras de sí mismas, de lo que son y de aquello en lo que creen. Hacen un esfuerzo consciente en no dejar que los juicios y las opiniones de los demás afecten a su estado de ánimo o a sus preferencias en la vida. Se centran en sustituir la autocrítica por compasión y no dejan que las opiniones de los demás tengan cabida en su cabeza.

  1. Ignora las preocupaciones acerca de aquello que no puedes cambiar

No gastes tiempo y energía preocupándote por cosas que no te competen o sobre las que no tienes influencia alguna. Tu inquietud no mejorará para nada la situación que te tiene en vilo y sólo aumentará tu nivel de estrés, tu obsesión con el problema y la frustración por no poder hacer nada al respecto. Deja el problema estar y céntrate en aquello sobre lo que realmente tienes alguna influencia.

  1. Ignora el sufrimiento de tener que trabajar duro para obtener lo que deseas

Las personas felices están seguras de sí mismas, de lo que son y de aquello en lo que creen

Las personas felices se crecen ante un reto y disfrutan de su día a día a pesar de los obstáculos que encuentran en su camino. Además, cuanto mayor y más difícil sea el esfuerzo destinado a conseguir lo que deseas, más sentirás que habrá valido la pena.

  1. Ignora la comparación obsesiva con los demás

Busca rodearte de gente valiente e inspiradora, que te aporte el coraje y la ambición para mantenerte en el camino que deseas. No compares tu vida con la de los demás ni evalúes tus éxitos y fracasos en función a los otros. Halonen insiste en que esto es especialmente importante en la era informática en que vivimos, donde todo el mundo puede fardar (con o sin motivo) en las redes sociales. Que alguien suba una foto feliz o disfrutando no significa que se halle en ese estado las veinticuatro horas del día.

Debes evaluarte sólo en relación contigo mismo y mejorar la persona que eras ayer, pero olvida en qué lugar estás en función de los demás. La gente feliz lo hace, y le funciona.

F: El Confidencial

Como ser el más feliz del mundo

El monje budista Matthieu Ricard es considerado como el hombre más feliz del mundo, y razones no faltan para ello. En el año 2012, un estudio realizado por el profesor de la Universidad de Wisconsin Richard J. Davidson, autor de El perfil emocional de tu cerebro (Debate) puso de manifiesto que el cerebro del parisino funciona de manera muy diferente a la del resto de humanos. Es más, proporcionó unos resultados que “nunca habían sido encontrados previamente en la neurociencia”.

En concreto, Ricard parecía mostrar mucha más actividad en la corteza pre-frontal izquierda, algo relacionado de manera directa con su bienestar y, sobre todo, con su aversión a la negatividad. Según Davidson, ello muestra que la neuroplasticidad (es decir, la capacidad para alterar nuestro cerebro a través de prácticas como la meditación) funciona. En el vídeo que presentamos a continuación, Ricard, a la sazón autor de En defensa de la felicidad (Urano, 2011) e hijo del filósofo Jean-François Revel y de la pintora Yahne Le Toumelin, explica cómo ha conseguido convertirse en una referencia incluso para sus compañeros budistas.

F: El Confidencial

La Felicidad es el AMOR

La felicidad puede estudiarse de muchas formas, pero pocas investigaciones han abordado el tema con tanta profundidad como las de Grant y Terman

Todos los días se publican estudios sobre la felicidad, el éxito y el bienestar en general, pero no todos son igual de rigurosos ni tienen el mismo alcance. Bien es cierto que la felicidad puede estudiarse de muchas formas, desde el punto de vista puramente biológico al sociológico, pero pocas investigaciones han abordado el tema con tanta profundidad como las dirigidas por los estadounidenses William Thomas Grant y Lewis Terman, aunque ambos hayan fallecido hace más de 40 años.

El Grant Study, conocido así por su impulsor, un importante filántropo, fue un ambicioso proyecto que se desarrolló a lo largo de siete décadas y que ha constituido una de las referencias más importantes en lo que a las investigaciones sobre felicidad personal se refiere. Todo comenzó a finales de los años treinta, cuando se seleccionaron dos grupos de estudio. Uno estaba formado por 237 estudiantes de Harvard perfectamente sanos, y el otro, por 332 ciudadanos nacidos en las barriadas de Boston que no tenían antecedentes penales. Los investigadores siguieron los pasos de ambos grupos durante los siguientes sesenta años, y analizaron todas las variables que estaban al alcance de su mano, de las mentales como el coeficiente intelectual a las físicas como la longitud de su escroto. Sus conclusiones dieron lugar a dos de los libros más importantes de la sociología americana: Adaptation to Life (1977) y Aging Well (2002).

Los setenta y cinco años y veinte millones de dólares gastados en el Grant Project apuntan a una única conclusión que se puede reducir a cinco palabras: la felicidad es el amor

El estudio de Terman, cuyo nombre oficial fue Genetic Studies of Genius y hoy es conocido como el Terman Study of the Gifted (“Estudio Terman de los superdotados”), comenzó su andadura en 1921 estudiando la evolución de 1528 niños y aún no ha finalizado. Es el estudio longitudinal con mayor duración de la historia. Sus resultados han sido publicados en cinco libros y, aunque se centra en el desarrollo de los niños superdotados –ya que su autor, un ferviente defensor de la eugenesia, buscaba la forma de mejorar la especie humana–, arroja bastantes conclusiones en lo que al bienestar general se refiere.

Estas son las cuatro principales conclusiones sobre la felicidad y el desarrollo personal a las que han llegado ambas investigaciones.

1. La felicidad es el amor

George Valliant, que comenzó a tomar las riendas del estudio Grant en el año 1966, publicó en 2013 un libro con las conclusiones que ha obtenido de su larga experiencia investigadora: Triumphs of Experience (Belknap Press). Valliant, que ya goza de una avanzada edad (tiene casi 80 años), cree que los datos son complejos pero la fórmula es sencilla: la felicidad es el amor, ni más ni menos. Como él mismo ha afirmado en alguna ocasión, “los setenta y cinco años y veinte millones de dólares gastados en el Grant Project apuntan a una única conclusión que se puede reducir a cinco palabras: “la felicidad es el amor. Punto”. Lo importante, indica Valliant, no son sólo las relaciones de pareja, sino también la calidez de las relaciones personales que mantenemos: el mejor garante de nuestra felicidad y salud.

El estudio Terman llega a conclusiones similares: tener una gran red de amistades y cultivar éstas añade años a tu vida. Y, además, las personas casadas y con muchos amigos, tienen más facilidades económicas. Los 58 hombres participantes en el estudio con más amigos ganaban una media de 243.000 dólares al año. Por el contrario, los 31 hombres con peor puntuación en relaciones sociales tenían un salario medio de 102.000 dólares: menos de la mitad.

2. Las personas concienzudas viven más

El estrés puede provocar ansiedad, y la ansiedad depresión, pero determinados niveles de éste no sólo no son malos: son necesarios. Las personas que viven sin preocupaciones, y no están motivadas, viven menos. Son las personas que trabajan duro y se esfuerzan las que tienen mejor salud y son más felices.

Ser concienzudo es la cualidad que está más íntimamente ligada con la longevidad

Según se explica en el libro The Longevity Project, que reúne las principales conclusiones del estudio Terman, las personas más exitosas y más ambiciosas fueron las que vivieron más. De hecho, aquellos hombres más despreocupados y poco responsables, presentaban un descenso impresionante en su esperanza de vida.

La mala noticia es que ambición y felicidad no siempre van de la mano. “No fue la gente más feliz o más relajada la que vivió más”, explica los investigadores en The Longevity Project. “Fueron aquellos que estaban más centrados en perseguir sus objetivos”. Ser concienzudo es la cualidad analizada en el estudio Truman que está más íntimamente ligada con la longevidad. Fueron los niños más atentos y responsables los que vivieron más años.

3. Sé optimista, pero preocúpate cuando sea necesario

Como norma general creemos que el optimismo incrementa nuestra satisfacción vital, y es cierto, pero según el estudio Terman, no necesariamente hace que tengamos una vida más saludable. “Cuando miramos a través de las décadas las vidas de los niños del estudio que vivieron tiempo, encontramos uno de los mayores bombazos de nuestro proyecto: los niños alegres y optimistas eran menos propensos a vivir hasta una edad avanzada que sus compañeros más formales y sobrios”, explican los autores de The Longevity Project.

El estudio Grant puntualiza que las personas neuróticas están menos satisfechas con su vida y tienen peor salud, pero las personas que se preocupan razonablemente de lo que les pasa, son más felices y viven más.

4. Ten una infancia feliz, pero no desesperes

Este punto parece difícil de alcanzar cuando ya se tiene una edad y no se puede viajar atrás en el tiempo, pero si queremos que nuestros hijos sean felices cuando sean mayores más nos vale preocuparnos de su bienestar: se lo pondremos mucho más fácil.

Un matrimonio feliz puede reparar el daño causado por una infancia desafortunada

El estudio Grant puso de manifiesto que las personas educadas en entornos felices eran también más felices cuando crecían. No es nada nuevo, numerosos estudios han demostrado que los problemas de la infancia tienen un enorme poder sobre nuestra vida adulta, y las investigaciones de Grant y Terman no son una excepción. Los niños que no aprenden a amar y a confiar en las personas en su hogar están en desventaja a la hora de desarrollar la asertividad, iniciativa y autonomía necesarias en la vida adulta.

Por suerte, no todo está perdido para las personas que han tenido una infancia difícil. El estudio Grant mostró que un matrimonio feliz puede reparar el daño causado por una infancia desafortunada. Nunca es tarde para abrazar el bienestar, tal como explicaban los investigadores del estudio Terman: “Los niños que crecieron siendo unos inconscientes, pero siendo adultos adoptaron papeles que requerían madurez, e incrementaron sus niveles de prudencia y persistencia, fueron capaces de recuperar el tiempo perdido”.

F: ElConfidencial

¿Estas muy ocupado?

Hace unos días me encontré con una buena amiga. Me detuve para preguntarle qué tal le iba y saber cómo estaba su familia. Puso los ojos en blanco, miró hacia arriba y en voz baja suspiró: “Estoy muy ocupada… muy ocupada… demasiadas cosas ahora mismo.”

Poco después, le pregunté a otro amigo y le pregunté qué tal estaba. De nuevo, con el mismo tono, la misma respuesta: “Estoy muy ocupado, tengo mucho que hacer.”

Se le notaba cansado, incluso exhausto.

Y no sólo nos pasa a los adultos. Cuando nos mudamos hace diez años, estábamos emocionados por cambiarnos a una ciudad con buenos colegios. Encontramos un buen vecindario con mucha diversidad de gente y muchas familias. Todo estaba bien.

Después de instalarnos, visitamos a uno de nuestros amables vecinos y les preguntamos si nuestras hijas podrían conocerse y jugar juntas. La madre, una persona realmente encantadora, cogió su teléfono y empezó a mirar la agenda. Pasó un rato deslizando la pantalla y al final dijo: “Tiene un hueco de 45 minutos en las próximas dos semanas. El resto del tiempo tiene gimnasia, piano y clases de canto. Está muy ocupada.”

Los hábitos destructivos empiezan pronto, muy pronto.

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¿Cómo hemos terminado viviendo así? ¿Por qué nos hacemos esto a nosotros mismos? ¿Por qué se lo hacemos a nuestros hijos? ¿Cuándo se nos olvidó que somos “seres” humanos y no “haceres” humanos?

¿Qué pasó con el mundo en el que los niños se ensuciaban con barro, lo ponían todo perdido y a veces se aburrían? ¿Tenemos que quererlos tanto como para sobrecargarlos de tareas y hacerles sentir tan estresados como nosotros?

¿Qué pasó con el mundo en el que podíamos sentarnos con la gente que más queremos y tener largas conversaciones sobre nosotros mismos, sin prisa por terminar?

¿Cómo hemos creado un mundo en el que tenemos más y más cosas que hacer con menos tiempo libre (en general), menos tiempo para reflexionar, menos tiempo para simplemente… ser?

Sócrates dijo: “Una vida sin examen, no merece ser vivida.”

¿Cómo se supone que podemos vivir, reflexionar, ser o convertirnos en humanos completos si estamos constantemente ocupados?
Esta enfermedad de estar “ocupado” es intrínsecamente destructiva para nuestra salud y bienestar. Debilita la capacidad de concentrarnos completamente en quienes más queremos y nos separa de convertirnos en el tipo de sociedad que tan desesperadamente clamamos.

Desde los años 50 hemos tenido tantas innovaciones tecnológicas que nos prometimos hacer nuestras vidas más fáciles, más rápidas, más sencillas. Aun así, hoy no tenemos más tiempo disponible que hace algunas décadas.

Para algunos de nosotros, “los privilegiados”, las líneas entre el trabajo y la vida personal desaparecen. Siempre estamos con algún aparato. Todo el tiempo.

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Tener un smartphone o un ordenador portátil significa que deja de existir la división entre la oficina y nuestra casa. Cuando los niños se van a la cama, nosotros nos conectamos.

Una de mis rutinas diarias es revisar una avalancha de correos. Me suelo referir a esto como “mi yihad contra el correo”. Estoy constantemente enterrado bajo cientos y cientos de correos, y no tengo ni la más remota idea de cómo detenerlo. He intentado diferentes técnicas: respondiendo sólo por las mañanas, no respondiendo los fines de semana, diciéndole a la gente que nos comuniquemos cara a cara… Pero siguen llegando, en cantidades ingentes: correos personales, correos del trabajo, incluso híbridos. Y la gente espera una respuesta a esos correos. Ahora, resulta que quien está demasiado ocupado soy yo.

La realidad es muy diferente para otros. Para algunos, tener dos trabajos en sectores mal pagados es la única forma de mantener una familia a flote. El veinte por ciento de los niños de EE.UU. viven en la pobreza y muchos de sus padres trabajan por salarios mínimos para poner un techo sobre sus cabezas y algo de comida en la mesa. También están muy ocupados.

Los viejos modelos (incluyendo el del núcleo familiar sólo con un padre trabajando, si es que tal cosa alguna vez existió) ha pasado de largo para muchos de nosotros. Sabemos que existe una mayoría de familias en las que la unidad familiar está separada o con ambos padres trabajando. Y no funciona.

No tiene que ser así.

En muchas culturas musulmanas, cuando quieres preguntarle a alguien qué tal le va, dices: en árabe, ¿Kayf haal-ik? o, en persa, ¿Haal-e shomaa chetoreh? ¿Cómo está tu haal?

¿Qué es ese haal por el que preguntas? Es una palabra para preguntar por el estado transitorio del corazón de uno. En realidad preguntamos “¿Cómo está tu corazón en este momento exacto, en este mismo suspiro? Cuando nosotros preguntamos “¿Qué tal estás?”, esto es exactamente lo que queremos saber de la otra persona.

No pregunto cuantas cosas tienes por hacer, no pregunto cuantos correos tienes pendientes de leer. Quiero saber cómo estás en este preciso momento. Cuéntame. Dime que tu corazón está contento, dime que tu corazón está dolorido, que está triste y que necesita contacto humano. Examina tu propio corazón, explora tu alma y después cuéntame algo sobre ambos.

Dime que recuerdas que sigues siendo un ser humano, no sólo un “hacer” humano. Dime que eres algo más que una máquina completando tareas. Ten esa charla, ese contacto. Ten una conversación sanadora, aquí y ahora.

Pon tu mano en mi hombro, mírame a los ojos y conecta conmigo por un segundo. Cuéntame algo sobre tu corazón y despierta al mío. Ayúdame a recordar que yo también soy un ser humano pleno que necesita contacto con otros humanos.

Enseño en una universidad en la que hay muchos estudiantes orgullosos de si mismos con el estilo de vida “estudiar mucho, desfasar mucho”. Esto probablemente podría ser un reflejo de buena parte de nuestro estilo de vida.

No tengo soluciones mágicas. Lo único que sé es que estamos perdiendo la capacidad de vivir una vida plena.

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Necesitamos una relación diferente con el trabajo y la tecnología. Sabemos lo que queremos: una vida con significado, sentido de humanidad y una existencia justa. No es sólo tener cosas. Queremos ser completamente humanos.

W. B. Yeats escribió una vez:
“Se necesita más coraje para escudriñar los rincones oscuros de tu propia alma que para luchar en un campo de batalla.”

¿Cómo se supone que vamos a examinar los rincones oscuros de nuestra alma si no tenemos tiempo? ¿Cómo podremos vivir una vida sujeta a examen?
Siempre soy prisionero de la esperanza, pero me pregunto si estamos dispuestos a reflexionar sobre cómo hacerlo y sobre cómo vivir de otra manera. De alguna forma, necesitamos un modelo diferente de reorganización individual, social, familiar y humanitario.

Quiero que mis hijos se ensucien, que lo ensucien todo y que incluso se aburran. Quiero que tengamos un tipo de existencia en el que podamos detenernos por un momento, mirar a otras personas a los ojos, tocarnos y preguntarnos mutuamente ¿cómo está tu corazón?. Me estoy tomando tiempo para reflexionar sobre mi propia existencia; estoy lo suficientemente en contacto con mi propio corazón y alma para saber cómo me siento y para saber cómo expresarlo.

¿Cómo está tu corazón hoy?

Déjame insistir en un tipo de conexión humano-a-humano en la que cuando uno de nosotros responda “Estoy muy ocupado”, podamos responder “Lo sé. Todos lo estamos. Pero quiero saber cómo está tu corazón.”